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«Estas son cosas que tocan y hay que hacer, por lógica. Si estás en el campo base y te llaman desde el C3 diciendo que uno está mal, coges y te vas a ayudar. A echar una mano. No es más que eso». Quien habla al otro lado del teléfono satélite es Alex Txikon. Y esta vez sí, su voz suena cansada, no como hace tres días, recién llegado de la cumbre del G-1. Motivos no le faltan.
El alpinista vizcaíno y sus compañeros hicieron cumbre el pasado miércoles en el mayor de los Gasherbrum (8.080 m.), un colosal macizo de roca y nieve que separa China de Pakistán con dos picos por encima de los ochomil metros y tres de más de siete mil. Fue una ascensión limpia, impecable -campo base-cumbre-campo base en cuatro días-, en un grupo en el que también estuvieron los vizcaínos José Carlos Tamayo y Juanra Madariaga. Bajaron a dormir al campo 2 y, al día siguiente, el jueves, estaban ya de vuelta al campo base.
Descansar, descansar y descansar. Poco más apetece hacer nada más bajar de montañas como esas. Pero el viernes el walkie les deparaba una desagradable sorpresa. Un grupo de canadienses que ascendía el Gasherbrum 2, amigos del Louis Rousseau, compañero de Alex en el ABC Team, avisaban de que uno de ellos, Marc-Andre Beliveau, se encontraba grave en el campo 3 (7.200 m.) con edema cerebral.
Louis no se lo pensó. Menos de 24 horas después de bajar del G1, se vestía el buzo, se calzaba de nuevo los crampones y volvía a la montaña en medio de una fuerte tormenta. El cansancio impedía al resto del equipo seguir sus pasos, salvo a Alex, que tampoco dudó en seguir los pasos del canadiense. A ellos se sumaba un porteador paquistaní.
El reto se planteaba peliagudo. En medio del temporal, su plan era ganarle todos los metros posibles a la montaña el mismo viernes, para llegar al día siguiente al C-3. En su caso, la aclimatación no era problema. El cansancio sí. Casi anocheciendo llegaron al C-1 (5.800 m.), campo que comparten los dos Gasherbrum. Una mirada entre los dos alpinistas fue suficiente para conocer su determinación. Seguían subiendo.
Mejoría
Mientras tanto, los compañeros del herido se ponían en marcha. Lo más urgente en caso de edema es perder altura lo más rápidamente posible y no lo dudaron. Metieron a Marc-Andre Beliveau en su saco de dormir, lo aseguraron e iniciaron un complicado destrepe desde el campo 3. De noche ya, el grupo se encontraba con Alex y Louis cerca del campo 2 (6.400 m.). Y, ya todos juntos, descendían hasta el C-1, donde pararon a descansar.
La noche no fue precisamente tranquila, pero la táctica de perder altura y la medicación habían dado resultado. Al día siguiente, el estado físico de Marc-Andre había mejorado notablemente, tanto que pudo ponerse en pie y realizar el tramo final del descenso de forma autónoma. «Y menos mal, porque si no, el tramo del glaciar con todas las grietas que hay, hubiese sido complicadísimo», relató Txikon.
Poco antes del mediodía, el grupo llegaba al campo base. A Alex apenas le quedaban ganas para llamar a casa y confirmar que estaban todos bien antes de echarse una siesta de tres horas. Después, el de Lemoa intentaba quitarle hierro a lo sucedido. «No quiero que se hable de esto más de lo debido. Queremos que se hable del himalayismo como deporte, que se hable de nosotros por los retos que intentamos, conseguimos, el trabajo que realizamos en la montaña, las experiencias deportivas... no por estas cosas. Esto pasa, se hace porque se tiene que hacer y punto. Pero nosotros estamos aquí para hacer otras cosas, y que se hable de nosotros por ellas», explicó.
Y esas otras cosas son el intento de abrir una nueva ruta en el K2 en estilo alpino las próximas semanas y para el que la ascensión al G1 ha sido una mera aclimatación. Reto, por supuesto, que sigue adelante, «aunque seguramente retrasaremos un par de días la partida hacia el campo base del K2 para descansar un poco», concluyó.
 
(fuente: EL CORREO)